Le reportan visitas que nunca ocurrieron.
Alguien llenó cien fichas el domingo por la noche, en su casa, con nombres de la lista. Usted lo paga igual, y descubre el hueco el día de la elección — cuando esas casas no votan.
Cada puerta tocada, cada promesa hecha y cada peso gastado en la calle: con nombre, hora y lugar. En una sola plataforma, el mismo día en que ocurre.
Y lo que le cuentan llega tarde, llega redondeado y llega de quien tiene algo que perder si le cuenta la verdad.
Alguien llenó cien fichas el domingo por la noche, en su casa, con nombres de la lista. Usted lo paga igual, y descubre el hueco el día de la elección — cuando esas casas no votan.
Se lo dijo a un brigadista que ya no está, quedó en un cuaderno que nadie transcribió, y en octubre ella se acuerda perfectamente de que usted prometió y no volvió.
Los números que le pasaron cada semana eran buenos. El problema es que nadie podía comprobarlos, y para cuando se nota ya no hay tiempo de corregir nada.
Mi Mariscal no es un tablero que alguien rellena por la noche. Es lo que está pasando en su territorio mientras usted lo mira.
Cada equipo en el mapa, en vivo, y por dónde pasó hoy. Deja de preguntar por radio y deja de creer en el reporte del viernes.
Se acabó dirigir a ciegasMiles de comentarios sueltos convertidos en una agenda ordenada por lo que de verdad conviene resolver antes. No por quién gritó más fuerte.
Su plan de gobierno, escrito por los vecinosPor el canal que ya usa y recordando lo que se le prometió. Nadie recibe dos veces el mismo mensaje, y nadie se queda sin respuesta.
Toda la fidelización, en un solo lugarAquí cada paso queda enganchado al siguiente. Ese enganche es todo el producto.
El equipo registra al vecino ahí mismo, con o sin señal.
Ese registro nace con constancia del sitio, la hora y quién lo hizo.
Lo que esa persona pidió queda escrito, clasificado y con dueño.
Se le vuelve a hablar sabiendo qué se le prometió y cuándo.
El día D sabe a quién sacar, dónde vota y quién responde por él.
Eso es lo que convierte un saludo en la puerta en un voto en la urna.
Es la pregunta más cara de una campaña electoral y hasta hoy no tenía respuesta. Ahora la tiene, casa por casa.
Con equipos grandes, cobertura mala, barrios sin nomenclatura y plazos que no se mueven. Las excusas de siempre ya están resueltas.
El software no gana elecciones. Las gana la organización. Esto es organización, escrita en software.
Mi Mariscal no lo diseñó un equipo de producto imaginando cómo es una campaña electoral. Lo diseñó quien lleva veinte años dentro de ellas.
Mi Mariscal se usa solo. Pero pocas campañas tienen las dos cosas — quién sabe qué decir y quién comprueba que se dijo — trabajando con la misma información.
Uno sabe qué hay que decir. El otro sabe si se dijo, dónde y a quién.
Se la mostramos con datos reales, no con una presentación. Media hora y usted decide.